En memoria del negro conmoción



Hace unos cuantos años, en el siglo pasado, en la universidad nacional de Colombia se hacían asambleas interminables en las que se debatían todos los posibles caminos por los que debería discurrir la protesta estudiantil.
Eran asambleas de 6 horas o más en las que los lideres estudiantiles se lucían con rebuscadas frases.
En ocasiones, entre una multitud de más tres mil personas, se levantaba un negro para pedir: “Moción de suficiente aclaración”, se votaba y si ésta era aprobada, se pasaba a otro tema.
Este estudiante, del que nunca supe el nombre era conocido como el negro conmoción y a veces cuando no estabas en la asamblea te llegaban noticias de sus intervenciones.
Un día en el que era inminente la entrada de la policía, mientras los más peleones discutían como parar la invasión, él pidió la palabra:
-Lo que tenemos que hacer compañeros, es NO reconocerlos como autoridad.
Propongo que vayamos hasta ellos y les arrojemos flores, nubes de flores.
Respondamos a su actitud con una sonrisa.
Ese día sí estuve en el auditorio León de Greif y recuerdo las risas a carcajadas de toda la asamblea.
Desgraciadamente, poco tiempo después los antimotines cazaron al negro conmoción y le rompieron la cara y tres costillas.

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